miércoles, 10 de septiembre de 2014

DANIEL ALBERTO KARINKANTA, LUTHIER, JULIO, 2004 - UNA DINASTÍA DE LUTHIERES


LUTHIER

En julio de 2014 en el programa Retratos en la Ciudad que conducían Cristina Oller y Ricardo Debeljuh entrevistaron a Daniel Alberto Karinkanta, un luthier de estirpe. 
La palabra francesa lutherie, usada en una gran variedad de idiomas, hace referencia al arte de construir instrumentos de cuerda. El nombre luthier se relaciona con los primeros luthiers, y proviene de la palabra francesa luth, a su vez procedente del árabe al-`ūd de aquí laúd.. Genéricamente al-`ūd significa "la madera"; la variante alemana de luthier es Luther, palabra que se ha transformado también en apellido y en nombre como Martín Lutero. En parte del mundo del habla hispana se traduce el término como "laudero" o "lutero", que proviene de la palabra laúd o el término tradicional "violero", que tiene el mismo significado que luthier de constructor de instrumentos de cuerda; sin embargo, luthier, "laudero" o "lutero", ampliaron su significado a quien construye cualquier tipo de instrumento musical, ya sean idiófonos, membranófonos, cordófonos o aerófonos.
No obstante, el galicismo luthier ha sido adaptado en castellano y se encuentra en el avance de la 23ª edición del diccionario de  la Real Academia Española.


DANIEL ALBERTO KARINKANTA

CRISTINA OLLER.- En este quincuagésimo programa nuestro invitado es Daniel Alberto Karinkanta.
RICARDO DEBELJUH.- Y estoy seguro que este programa saldrá un violinazo. Te agradecemos que estés esta noche con nosotros para contar Tus vivencias como luthier, y de primera. 
DANIEL ALBERTO KARIKANTA.- Gracias por todo esto y felicitaciones por el aniversario. Sí soy un artesano. Tengo la suerte de hacer y arreglar instrumentos de los más grandes como Stradivarius, Guarneri que me permitió conocer mucha gente que venía del exterior. Tuve la fortuna de tener en mis manos los violines originales porque a veces viene gente que dice tengo un Stradivaruius que era de mi abuela, pero luego me doy cuenta que no son. Son copias que se hicieron en Alemania en aproximadamente 1900, con la etiqueta y detalles de marca, pero no son originales. Son copias para estudio. Aquí en la Argentina nadie tiene uno de esos instrumentos. Ni en el Teatro Colón ni en el Argentino de La Plata. Los hay muy buenos, pero no de esa categoría. 
R.D.- ¿Cómo comenzaste con esto de construir instrumentos? 
C.O.- ¿Ya viene de familia? 
D.A.K.- Sí. En realidad, no directamente de mi abuelo que fue el
primero que en la Argentina se puso a fabricar instrumentos, yo lo aprendí de mi padre y él del suyo. Mi padre estudiaba violín y un día se rompió el instrumento y mi abuelo decidió llevarlo a reparar. El luthier le dijo que no valía la pena porque no era un buen violín y sería costoso el arreglo. Mi abuelo que era mecánico ajustador resolvió asesorarse y lo arregló. Lo llevó a un experto que se admiró de la reparación hecha. Este fue el primer estímulo. Y al ser mi papá violinista resolvió intentar hacer un instrumento. Buscando cualidades de sonido que le interesaran y sonara de acuerdo a sus intereses. Así se incrementó la formación y un buen día estaban fabricándolos. Mi abuelo no había hecho nunca nada de eso ni se le había pasado por la cabeza, hasta que dio ese hecho fortuito de la rotura del violín de mi papá. 
R.D.- Además, como otro factor necesario, te tiene que gustar mucho la música. 
D.A.K.- Sí. Desde ya. Así como los luthier tenemos como instrumentos para hacer un violín, una viola, la gubia, un formón, para hacer música el instrumento es ese violín o esa viola. O sea, la prolongación de la mano para poder expresarse musicalmente. 
R.D.- ¿Dónde se enseña ese oficio? 
D.A.K.- En mi caso fue generacional. Y mucha experiencia práctica. Además, se necesitan conocimientos de acústica, de matemática. La escuela mayor es la de Cremona en Italia. En la Argentina hay luthier que forman a otros. Además, en 1900, aproximadamente, vinieron luthiers italianos muy buenos que enseñaron. Y la única escuela de luthería está en la provincia de Tucumán. Fue fundada por un italiano del Lungo. 
R.D.- ¿Hay muchos luthiers en la Argentina? 
D.A.K.- Pienso que debe haber alrededor de 50 o un poco más. Entre los de cuerda y viento. 
R.D.- ¿A qué edad se te ocurrió emprender el trabajo de tu familia? 
D.A.K.-  A partir de lo que hizo mi abuelo mi papá que fue violinista en el Teatro Colón, se entusiasmó mucho con lo que hacía su padre y se puso a arreglar y construir instrumentos. Lo mismo me pasó a mí, que si bien, estudié violín de chico, mi pasión fue la guitarra. Empecé con folklore, me pasé al rock, luego al jazz; fui fanático de los Beatles. Hoy me gusta la música flamenca. Paco de Lucía y mucho la música clásica, el virtuosismo de Paganini, Bach, que son mis preferidos, después hay muchos compositores que han hecho conciertos extraordinarios para violín, viola, chelo. La música cuando está bien hecha me gusta toda. 
C.O.- ¿Cuándo estás construyendo los instrumentos, escuchás música? 
D.A.K.- Sí. Y a veces quiero estar en silencio. 
C.O.- Danos los nombres de tu abuelo y tu padre. 
D.A.K.- Mi abuelo era Janes Vitalis Karinkanta, él era finlandés. Vino a los 8 años. Pasó primero por Brasil y luego se vino con su familia a la Argentina. Mi padre nació acá y tiene un nombre sueco Arne Ángel Karikanta. 
C.O.- ¿Y los hijos? 
D.A.K.- A mis hijos les pasó lo mismo que a mi padre y a mí. Ellos tuvieron la experiencia de corretear en el taller y vieron algunos Stradivarius que es como ver por la calle una Ferrari, distinta a cualquier otro auto. A ellos les llamó la atención estos instrumentos distintos a todos. Y eso estimuló mucho al mayor, Martín a los 11 ú 12 años, ya tiene 27; y posteriormente a Pablo. Y tengo una hija mayor que ellos, Brenda, que es la que me ayuda a encordar los arcos. El arco es el que le saca el sonido al violín y periódicamente hay que cambiarle la cerda, que es de cola de caballo y se le agrega un poco de resina. 
R.D.- Es la primera vez que tenemos un luthier. Conocer a uno es difícil. Traerlo a la radio es aún más difícil. 
C.O.- Son peculiares. Son figurita difícil. Él es muy accesible muy agradable. Hay que sacarlo de su atelier. Él tiene sus compromisos. 
R.D.- En otra oportunidad iremos a tu atelier y haremos algo para la radio desde allí. Hasta escucharte en el violín. 
D.A.K.- No, no estudié como para tocar obras. Lo mío es conocerlo para saber cómo suena, hacer pruebas, dobles cuerdas, llegar a posiciones hasta arriba. Pero no me dedico a estudiar obras porque lo mío fue la guitarra y me dedico mucho a ella. No toco obras, si bien le saco bastante buen sonido. 
R.D.- ¿Restaurás también guitarras? 
D.A.K.- Viendo a mi padre la cosa manual me atrajo, barnizar, agarrar el serrucho, cortar con la gubia, me fue entusiasmando todo eso. Primero hice algunas restauraciones, después conseguí comprar una Gibson Les Paul, igual tenía mi guitarra clásica. Y comencé a copiar guitarras de ese estilo, la caja, el mango, ponía accesorios originales. Eso fue lo que me entusiasmó para construir. Ahora estamos haciendo con mis hijos en el Atelier Karinkanta - atelier es el nombre que me puso un amigo que me da siempre una ayuda, me hace salir en revistas inglesas - estamos haciendo seis violas que tendrán ese nombre. Los hacemos entre los tres, cada uno hace una parte y se ensamblan bajo mi dirección. Allí hay que mirar bien como están afinadas las tablas, es decir, cada parte del violín: la tapa, el fondo, las alturas de bóveda. De este modo las podemos vender a precio un poco menor que si la hiciera un solo luthier pues lleva mucho tiempo más. 
R.D. ¿Cuánto tardás en hacer un violín? 
D.A.K.- En dos meses con inspiración, pero algunos me llevan seis meses. Y cuando hago copias como del Guarneri de Paganini, una vez terminada la copia de construcción con similares medidas, probado el sonido cuando el violín aún está en blanco pues le falta el barniz, hay que antiguarlo con los desgastes de uso, la suciedad de la resina, golpes, todo tal cual el original. Así como un pintor hace la reproducción de un cuadro, nosotros hacemos la reproducción de un violín antiguo. El barniz tiene aceites, trementina, una serie de elementos que no secan fácilmente. Eso retarda. Hay que hacer una parte dejarlo secar dos o tres meses, seguir con la otra para no tocar la hecha. Hay una serie de elementos que se usan para dar las pátinas y hacer las manchas. Lo que sí debemos respetar es la composición del barniz, no podemos usar barnices sintéticos. Eso puede llevar un par de años. 
C.O.- ¿Cómo conseguís esos elementos? 
D.A.K.- Muchas cosas son importadas. Hay resinas que son de la India. Lo mismo que las maderas. Aquí en la Argentina no hay maderas para construir un violín igual que lo que hizo Stradivarius. 
C.O.- ¿Qué maderas son esas? 
D.A.K.- El arce que es de los Balcanes, de Italia, de Alemania de Checoslovaquia, de estos lugares son las mejores maderas de arce, que se usa para hacer el fondo, los costados, todo lo que es la cabeza. Solamente de pino armónico, como lo llamamos nosotros, que es un pino abeto, se hace la tapa. Igual que la guitarra. Después usamos ébano de la India para el diapasón, para las clavijas y el cordal, que es de donde se toman las cuerdas, que antes eran de ébano, ahora estamos usando maderas más livianas por cuestión de sonoridad. Además, queda lindo pues el tono es un marrón muy clarito, de todos modos hay que teñirlo pues la madera es muy clara y hay que darle un tinte marrón semejante al violín, pero queda muy acorde. Queda bien. 
C.O.- Parece que el hombre sabe de lo suyo. Qué hermoso meterse en estos detalles que uno ni siquiera imagina. Es algo mágico que está en tus manos con los conocimientos adecuados. Hermoso tu mundo. Además, cómo lo describís. Sos un apasionado. 
R.D.- Continuamos con este luthier, orgullo nacional, de repercusión internacional. Actualmente ¿Qué estás desarrollando y qué proyectos tenés? 
D.A.K.- En este tipo de instrumentos acústicos siempre hay algo por descubrir, entonces constantemente seguimos buscando algo más, sonidos más graves, más profundos, más potentes, que tengan calidad, que esté más metido en la caja del instrumento, pero que a la vez salga rápido, que sea un sonido que recorra todo el teatro, que pueda estar arriba de todos los sonidos que tiene una orquesta hoy para un concierto para violín y orquesta; con cien músicos atrás, de modo que se necesita un instrumento que pueda competir, aún con un Stradivarius. El proyecto es ese, siempre buscar y hacer instrumentos que suenen lo mejor posible. Hoy lo hacemos más largo, mañana más corto, más panzón, con distintas medidas. Seguir buscando. De otro modo ya me hubiera aburrido porque las distintas partes del violín en todos son las mismas. Trabajando de esta manera no es rutinario. 
R.D.- ¿Hay un estilo violín Karinkanta? 
D.A.K.- Hacemos lo que ya sabemos que es lo mejor. El violín de Stradivarius es superior al de Nicolo Amati. Stradivarius cambió una serie de cosas e hizo que el violín sea más potente, más natural. Nosotros estamos llevando a cabo en nuestros instrumentos la calidad de los Guarneri, Stradivarius, que es lo que quieren los luthiers y los violinistas. 
C.O.- Agradecemos la deferencia de haber estado esta noche con nosotros.
D.A.K.- Gracias a ustedes.
R.D.- Lo importante es que te hayas sentido cómodo y te agradecemos por haberte expresado como lo hiciste y por todo lo que nos enseñaste.
Daniel Alberto Karinkanta con el maestro del violín don Luis Vidal (sentado), el cantante melódico Claudio Vidal (en el centro) y Yamil Cohelo

Entrevista: Cristina Oller y Ricardo Debeljuh
 
La precedente entrevista que se hizo en el programa radial “Retratos en la ciudad” sobre una figura única en el cúmulo de actividades culturales y vinculadas con la cultura que dio y da constantemente Quilmes y su región de influencia, en este caso está sustentada por una dinastía que es Escuela. Volver a ella, que fue publicada en la revista-suplemento que publicó el multimedio “El Sol” para el Día de la Industria en 1985 – recién nacida la democracia – es completar la figura de Daniel Alberto Karinkanta, adentrar al seguidor de EL QUILMERO en el mundo de la música de cámara o de fuentes clásticas y presentar otro modelo humano positivo de los que tanto necesita la sociedad actual donde la superficialidad, el facilismo y la queja irreflexiva y vana lo invade todo como una lapa pegajosa y sucia. 
 
LOS KARINKANTA, UNA DINASTÍA HACEDORES DE VIOLINES 
El Sol, 1985
Nacido, en Pajala, Finlandia en 1901, Hannes Karinkanta llegó a Argentina en 1909. Aquí creció y formó su familia. Siendo pequeño su hijo Arne, debía tocar con un violín, un doble en una iglesia. Accidentalmente, se rompió el mango, entonces, Hannes lo compuso. Notaron que ahora sonaba mejor. Llegó a la profesión de manera autodidáctica.
Su hijo Arne, vecino de Bernal, fue durante más de veinte años violinista en el Teatro Colón de Buenos Aires y mucho tiempo en el Teatro Argentino de La Plata. Ayudando a su padre, la magia de hacer violines, lo integró al igual que aquel al mundo fantástico de la luthería.
Más de cuarenta violines salieron de sus diestras manos. De él recibió Rugiero Ricci el instrumento que llamaron “José Hernández” y luego otro, el “Martín Fierro”.
Su maestra América Montenegro, presintió su arte al regalarle un violín con sus iniciales y un sello de oro. Sus violines fueron probados por Yehudi Menuhin [1] por Zino Francescatti.[2]
TRES GENERACIONES
El heredero de ese don, fue Daniel Alberto. Sus instrumentos tuvieron destinos gloriosos: el virtuoso violinista polaco Vadim Brodsky, de la Orquesta Nacional; Leandro Kyrkiris, [3] solista del Colón; Szymsia Bajour, [4] También esas manos cargadas de tradición despertaron violas y cellos. 
CÓMO SE CONSTRUYE UN VIOLÍN
Traídas de Alemania las maderas, se prueban con un martillito para pronosticar si sonoridad permitirá un violín brillante, barítono o pastoso. La madera debe tener alta frecuencia de rápida transmisión. El fondo, los costados y el mango, se realizan en arce y abeto, pino armónico, la tapa. Se necesita un estacionamiento previo de 15 a 20 años. Con una gubia se cava el fondo y con la espátula se desbasta la bóveda del futuro instrumento. Los costados se curvan al calor y se encolan en caliente. En todo esto debe haber precisión y seguridad no cabe esperar.
En el interior, la barra armónica va encolada y es la que gobierna la tercera y cuarta cuerdas. Luego de cerrado el vientre de las notas, se cola el mango. Se le da la debida inclinación y se le adiciona el diapasón que es de ébano dándole entonces, la última lijada. 
EL BARNIZADO 
El proceso de barnizado debe ser de gran equilibrio, elástico, pues de otra manera se carga el sonido. Se orea y se lo pule. Luego se monta el instrumento: se coloca el “alma”, de pino armónico. Es un cilindrito vertical del grosor de un lápiz colocado detrás del puente, que será de madera de pino. Las cuerdas eran antes de tripa y aluminio. Actualmente son sintéticas compuestas de filamentos múltiples y diminutos. La cuarta sol, es de plata. Se labran primorosamente las clavijas, y Daniel Alberto Karinkanta lo sabe hacer en corona o tulipán -  “Mi hijo es la prolongación de mi mano”, dijo una vez su padre, Arno - y finalmente, nace al arco. Es de madera pernambuco del Brasil. El talón de ébano con aplicaciones de marfil, carey o nácar. El encerado, es de hebras de cola de caballo blanco. Daniel es un excelente encerador. El entorchado, es de plata con remate en fino cuero de lagarto, donde se apoya el dedo del ejecutante. Lleva poco más de tres meses para hacer un violín. Un cello lleva madera con la que se pueden hacer cuatro violines.
Cuidar un violín también requiere su técnica. Debe estar envuelto en seda, en un estuche, en un lugar oscuro y seco. Se limpia solamente con una tela de algodón. 
OFICIO-ARTE
Todo depende de si es tan sólo luthier o músico-luthier. Ambas cosas se dan en Daniel Alberto Karinkanta. La luthería es un oficio apasionante, pero mucho más si es músico ejecutante a la vez. “entonces se es padre verdadero, porque se le da la vida y se le enseña a hablar". El Sol, Día de la Industria, 1985

HOY 
Daniel Alberto Karinkanta supo prolongar esta dinastía de luthiers en sus hijos, seguidores del privilegiado don de dar instrumentos a la magia de la música y uno de sus momentos de regocijo es acompañar en las presentaciones del cantante melódico Claudio Vidal que realizó varias presentaciones en el Teatro Roma de Avellaneda, en Quilmes y en otros rincones del país.

REFERENCIAS

[1] Lord Menuhin of Stoke d'Abernon, nacido el 22 de abrtil de 1916 en Nueva York y falelcido el 12 de marzo de 1999 en Berlín. Violinista y director de orquesta de origen ruso-judío y de doble nacionalidad, estadounidense y británico. Presidió el Consejo internacional de música en la UNESCO desde 1969 hasta 197. Fue activo defensor de causas humanitarias. 
[2] Zino Francescatti, nació el 9 de agosto de 1902 y falleció el 17 de setiembre de 1991. Violinista francés, nacido en Marsella, de padre violinista. Estudió con Camilo Sivori, discípulo de Paganini. Empezó a tocar a la edad de cinco años y debutó en público con el Concierto de violín de Beethoven a los diez años.
[3] Leandro Kyrkiris estudió en Argentina con los maestros André Mouroux, Wladimir Glagol y Nicolás Finoli. En 1999 viajó a Inglaterra para continuar sus estudios con el maestro Eduardo Vasallo. Integró como solista por concurso la Orquesta Académica del Teatro Colón. Actualmente es miembro de la Orquesta de Cámara del Congreso Nacional.
[4] Szymsia Bajour, nació el 4 de abril de 1928 en Polonia y falleció en Buenos Aires el 8 de febrero de 2005. Violinista polaco-argentino de destacada trayectoria en la música clásica y popular en repertorio de tango donde se lo conoció como Simón Bajour.

Desgrabación y compaginación Chalo Agnelli

Director de EL QUILMERO

viernes, 8 de agosto de 2014

JULIO LACARRA - JUNIO 2003

(CANTAUTOR)


RICARDO DEBELJUH.- Para un hombre con una carrera tan vasta, ¿Cuál es tu posición cuando digo el “músico argentino”, respecto a la maquinaria existente que maneja los destinos culturales del país? 
JULIO LACARRA.- Las cuestiones de intereses siempre condicionan las opiniones de las personas. He visto a compañeros míos de lucha cuando estábamos pasando la barrera de la dictadura a la democracia, apartarse ante una postura mía en una asamblea del sindicato de música. Gente muy combativa, pero cuando se tocaba el interés seguían grabando en las compañías multinacionales; que ahora echaron a esos artistas. Toda es una cuestión de intereses. 
Durante la dictadura la música popular y los músicos populares estábamos proscriptos. Cuando pasamos a la democracia salieron a buscarnos a todos: Litto Nebbia, Charly García, Julio Lacarra, Silvio Rodríguez, todo venía muy bien. La primavera duró muy poco, tan sólo cuatro años. Yo regresaba al país de EEUU y lo vi cambiado en dos meses. Transformó su tónica. La estrategia de ventas de las grandes compañías había variado. Todo son especulaciones. El marketing tiene ciertas connotaciones políticas. Se adaptan a todo. 
El músico de carrera, de alma, hace lo que siente le venga un contrato millonario o no tenga posibilidades de grabar. Y tratará de buscar cualquier mecanismo para llegar a la gente. Eso es lo que hacemos la mayoría desde hace 12 ó 13 años. Porque los 90 fueron terroríficos, devastaron todo el campo cultural. No quedó nada con cabeza. Se fundieron las editoriales de música. Había que sacarle contenido a todo, vaciarlo todo con el discurso de un único pensamiento, nos adormecieron. 
Compañeros me decían que debíamos lanzarnos al progreso, al primer mundo, al mundo globalizado... yo nunca me la creí. Y es más, a los tres o cuatro meses del auge neoliberal le dije a más de uno, esto durará no más de cuatro años, después nos vemos. Y no porque tenga la brújula de la historia, sino porque son ciclos que se repiten. Yo lo había vivido, porque tengo 56 años. Viví el golpe del 55. Estas idas y vueltas están siempre detrás de un proyecto: el vaciamiento de la Argentina, que es el objetivo final. Ahora llegamos, ya estamos vacíos y nos damos cuenta.
Y el músico, los creadores, que suelen ver debajo del agua, se mantienen en una posición crítica; entonces, no se los convoca para debates que orienten el consumo. Por eso durante los 90 no grabé. Mi discurso estaba perimido y enterrado. Pero soy tozudo y sigo recorriendo el país cantándole a la gente porque sé que tengo eco. Y no tengo casa en un country, ni una cuatro por cuatro en la puerta, pero puedo caminar por la calle sin guardaespaldas y la gente me saluda no me señala. Y eso es un capital, por cierto. Porque saben que mi obra no se tiñó nunca ni fui un cantor panfletario. Siempre mantuve el criterio de decir lo que siento con objetividad. 
CRISTINA OLLER.- Tu repertorio es muy rico, cantás a muchos poetas tenés muchos temas y composiciones propias. 
R.D.- ¿Cuáles fueron tus poetas referentes? 
J.L.- La generación del 40, argentinos, me los devoré: Portogallo, Dávalos, Castilla, Tejada Gómez y los españoles como Lorca, León Felipe, el Pablo Neruda inmenso de Latinoamérica; y el hoy más grande poeta vivo de toda América Hispana Juan Gelman. Sin embargo, tiene muy poco que ver Gelman con Neruda o con Guillén o con Vinicius de Moraes, pero de todos me nutrí. América tiene los músicos más extraordinarios del nuevo siglo. Villalobos, Espinoza, Piazzola, son tocados en todos los grandes escenarios del mundo como música clásica. 

C.O.- Julio canta bagualas, blues, tangos, rocks, tiene tanto ritmo y todo lo hace excelente. 
J.L.- ¡Va un blues! 
Estoy naciendo,
siempre busqué salir,
ser más libre, andar repartido por ahí.
Aire por el aire para que imaginen
dónde está la cueva de mi viejo Quilmes.
Soñando vivo buscando en este inmenso corazón.
Se te parte el alma, pero aún sonríes.
Siempre vas cosiendo viejas cicatrices.
Aire por el aire para que imaginen
dónde esta la cueva de mi viejo Quilmes.
Soñando vivo buscando en este inmenso corazón.
Al sur del sur se me va el amor.
Al sur del sur sólo por vivir.
Al sur del sur estoy naciendo.
Al sur del sur van Fierro y Cruz.
Al sur del sur gente de luz.
Al sur del sur hurgando el cielo.
... ... ...
Se te parte el alma pero aún sonríes.
Siempre vas cosiendo viejas cicatrices.
Aire por el aire para que imaginen
dónde está la cueva de los imposibles.
Soñando vivo buscando en este inmenso corazón.
Al sur del sur van Fierro y Cruz.
Al sur del sur gente de luz.
Al sur del sur estoy naciendo.
Al sur del sur van Fierro y Cruz.
Al sur del sur gente de luz.
Al sur del sur hurgando el cielo.
... ... ... 
J.L. Es un blues que hice para Quilmes, “Los imposibles”. Un día
iba a cantar a un boliche a Villa Gesell y leo una noticia que Charly García, que había estado internado en una granja que trata a los adictos, se había ido. Y se me ocurrió esto.
Hubo una época en que hice un espectáculo que se llamó “El Baguala Tango Blues”, remedando a un programa radial que se llamaba el “Glostora Tango Club”. Cantaba bagualas, tangos, blues y folklore por supuesto, que es lo mío.
Me gusta toda la música que está muy metida con el ser humano. Me gusta Stanley Jordan, West Mongomery, George Benson, Peter Gabriel, Sting, los Rolling y la música negra que es la que tiene mayor incidencia en todo el planeta: Eda Fitzgerald, Sarah Vaugan. Y también la lírica de Chico Buarque, Elis Regina. De acá: el Polaco, Piazzola, Salgán, De Elio, bajistas como Malosetti, pianistas como Waldo de los Ríos. En el chamamé los hermanos Cardozo que cantan sin orfebrerías y el Chango Spasiuk que tiene un talento enorme, Raulito Barbosa, el Chango Farías Gómez. En Mendoza las tonadas de los Cantares de la Cañadita que cantan a dúo desde los seis años. Sí, me gustan las cosas simples que nacieron simples y si les agregás algo las arruinás, esas. 
Hay folkloristas que llenan estadios y no son más que copias de los conjuntos de los años 60. Hasta el marketing que se emplea es similar. Las baladitas románticas. A pesar de que son buenos músicos y tienen buenas voces. Eligieron ese camino. Para mí, al cancionero popular no le aportan nada. (Se pasa el tema de Julio Lacarra “Para los que se quedan”) 
R.D.- ¿Cuáles son tus proyectos? 
J.L.- Bueno, el viernes pasado estuve en La Usina, Saavedra 132,  con un espectáculo para la gente de prensa. El sábado voy con mi hermana, Chany Suárez, a tocar a “La Peña del Colorado”, en Güemes al 3600, Palermo. Los pibes hacen locro y empanadas. El 9 de Julio voy acá, a “Huella”, una parrilla de Pepe Campolongo. En agosto vuelvo al sur y a mediados regreso a México, donde no voy desde el 89. Recibí invitaciones de Guatemala y Nicaragua. Países que me interesan mucho por la connivencia de etnias y de lenguas que hay. Son países muy caros para la historia de América Central. Luego voy a Costa Rica y El Salvador. El disco “Somos ríos” se va a editar para toda Latinoamérica. Este año me hubiera gustado volver a España, pero no dan los tiempos para armar un espectáculo bueno. El año pasado estuve un mes con 12 actuaciones. Quizá vuelva el año próximo para marzo o abril. 
R.D.- Tu afán es llegar a la gente, a la mayor cantidad de gente posible. 
J.L.-  Sí. Cuando uno no puede modificar solo las cosas ni con otro
ni con diez ni con cien, llega el momento de la aceptación, pero diagramando una estrategia de cómo llegar a la gente. Nosotros, los músicos, nos hemos vuelto a reconocer después de una etapas de aislamiento en que se busca la salida solo, algo que nunca sirvió. Recientemente estuve en Chos Malal y me preguntaron a quién podrían llevar, les sugerí a Raúl Carnota, cuando volví lo llamé y fue.
Establecimos una especie de red solidaria. Es la nueva estrategia de los argentinos que hacen música. Si no se puede grabar para la BMG o la Sony de Los Ángeles ¿Cómo llego a México? Me voy allí y grabo en una compañía y hago el camino alternativo como el que hice en Argentina. El negocio del disco está en franco retroceso por la piratería y la internet. El disco es un mero vehículo para acercarse al público, un producto de promoción. Por eso cuando saca un disco una empresa importante tienen de socio a un canal de televisión, a una compañía aérea, a una gaseosa... entonces el artista se lleva el 10%. Todos se han asociados porque es la única forma de sostener el negocio. Los sellos grandes reeditan colecciones de los mitos de la música. Porque siempre hay pibes curiosos que quieren saber qué pasaba antes, o nostálgicos. La industria cultural representa mayor ingreso de divisas que la industria automotriz. Entre libros, discos, obras de arte, qué sé yo... 
C.O.- Y ahora de Alicia Krest y Julio Lacarra, por Julio, “Colgado de un balcón” .... .... .... 
C.O.- ¿Y qué viene? 
J.L.- El 16 viajo para México. El 17; 18 y 19 tengo prensa. El 20 se presenta el disco en la ciudad de México. Hoy casualmente me enviaron las muestras de la gráfica, hecha en cartón ilustrado. El 21 hago la primera actuación en Querétaro, una ciudad que está al norte del Distrito Federal.
Luego sigo con dos actuaciones en Hidalgo y Saltillo. Es probable que se agregue otra. Pero lo cierto es que son quince días a disposición del sello grabador Pentagrama en México.
Luego voy a Salvador, Guatemala y a Nicaragua. Saltamos a Colombia donde haría la Universidad de Medellín, un restaurante en Cartagena y un lugar nocturno en Bogotá. Serán 45 días fuera, pero será potenciadora esta gira. Esto me abre un acercamiento más estrecho con toda esa área. 
C.O.- ¿Qué temas incluye ese disco? 
J.L.- Es una réplica de “Somos ríos”, con otra gráfica, otro envoltorio. No tiene el cuadernillo. Es un tríptico que se abre, el disco está en el medio. No tiene las letras. Se rescatan las fotos con los invitados, León Gieco y Raimundo Falkner.
La despedida será el martes 12 de agosto en el auditorio del Bingo de Quilmes, con entrada libre. Y cuando vuelva  tengo arreglos para ir a Neuquen y Córdoba, luego en la “Peña del Colorado”. 
C.O.- O sea que es un buen momento para alguien que cada día canta mejor... 
J.L.- La veteranía es la mejor edad porque la voz se asienta. En los cincuenta la voz adquiere color. Además, uno es más pícaro. Entiende mucho más. Uno se cree que a los 18 años ó a los 30 uno sabe más, pero a los cincuenta sabés más y creo que a los 70 seré un sabio (risas) Uno a medida que vive se le aparecen los límites y uno va aceptando los límites y se va acostumbrando a ellos y si es piola va redondeando lo que es. 
C.O. Ya te vamos saludando porque el 10 de julio cumplís años. ¿Qué te parece si nos vamos con un cachitito de “Los amigos del alma”? 
J.L.- Gracias, gracias. Como no... 
(Termina el programa con la voz de Julio Lacarra cantando dicho tema)
Homenaje bien merecido para un quilmeño y quilmero
********.
Cristina Oller es una riguroso locutora y presentadora egresada del ISER en 1986. Melómana irrecuperable conduce los viernes a partir de las 21 hs. "Silbando bajito" un programa radial en la FM 106.5, Radio Quilmes: www.radioquilmesfm.com.ar
Ricardo Delebjuh, músico. Rockero incondicional, es director de la web "SuperArte" www.super-arte.com.ar/
 





domingo, 20 de julio de 2014

RODOLFO BINELLI - DICIEMBRE 2003



(Médico)
Cada persona, cada hombre, cada mujer que desgrana su manojo de recuerdos, de nostalgias, en el contexto de su discurso, aporta Historia. Esa historia que se hace del montón de voces cotidianas. La microhistoria. Vez pasada escuchábamos maravillados en un club de adultos mayores a una octogenaria que nos dio, a los más jóvenes que rodeábamos su mesa, una clase de historia de la economía doméstica. Del precio del pan, de las verduras y de la carne en los años `40, `50, `60. De cuánto tenía ella que disponer del sueldo del marido para esos gastos esenciales. Con precisión asombrosa. Ella fue “Ama de Casa”… que no sé por qué no es también un título profesional que anteponer al nombre de la poseedora, pues esa “profesión” rinde a la economía general de un país extraordinarios dividendos. Ella hacía las compras atenta a los valores que ofrecía cada comercio, cocinaba haciendo rendir los alimentos y dándoles valores nutritivos suficientes para el desarrollo positivo de sus hijos y el vigor de su esposo, ella mantenía la limpieza de la casa, de la ropa blanca y de vestir, que es una forma de preservar la salud, y evitarse los gastos en medicamentos. Ella ayudaba a su marido en el cuidado de la pequeña huerta que tenían en el fondo, un ahorro en verdulería. Hacía dulces, preparaba conservar y dulces para varios meses… pero además colaboraba en la comisión de cultura de la Soci9edad de Fomento del barrio, escuchaba sus programas de radio o veía televisión mientras planchaba, leía a Vicky Baum o a Daphné du Maurier que eran sus autoras preferidas. Fue la suya, una auténtica clase de economía doméstica y de la vida de una profesional de la casa. Una verdadera ecónoma que pone baldón a muchos de esos ministros de economía que castigaron duro al pueblo llano desde aquel, el de la  famosa circular 1050, que sirvió para despojar de sus viviendas y propiedades a cientos de miles de familias endeudadas en créditos que se vieron de golpe indexados al punto que al cabo de poco tiempo, incluso pagando las cuotas al día, debían cada vez más y ni aún vendiendo sus casas podían saldar sus hipotecas, produciendo una enorme transferencia de riquezas a manos del capital financiero y especulativo. Doña Pina hizo historia. Nos dios una clase de historia nacional a través de sus quehaceres domésticos. Y luego cada uno contextualizamos. Yo recordando la 1050...
En cada una de las entrevistas hechas por Cristina Oller y Ricardo Debeljuh en su programa radial “Retratos en la Ciudad” hay Historia, de la de más acá, que bien puede ser la de muchos. El doctor Rodolfo Binelli, que lleva un apellido para la microhistoria, nos lleva a un paseo por la historia de su barrio, de una época con sus parámetros y sus variables, recuperando nombres que la vorágine de los actuales medios de comunicación difumina inevitablemente. Rodolfo Binelli, pediatra, ajedrecista, memorioso, hizo Historia. Los lectores podemos contextualizar.(Chalo Agnelli)

RICARDO DEBLEJUH.- Bienvenido Doctor. Háblenos sobre su infancia.
RODOLFO BINELLI.- Junto con  mi amigo Severi, ambos de pantalón corto, nos criamos en La Colonia, en la esquina de “la curva de Lemos”, Carlos Pellegrini y Andrés Baranda. Se llamaba así porque ahí doblaba el tranvía que venía de Retiro y paraba  en la barrera de la estación de Quilmes. Allí, cruzando, se podía tomar otro tranvía que iba hasta la Ribera; y la recorría en toda su
extensión. En tranvía se podía conocer todo Buenos Aires y  la ciudad de Quilmes, por poco dinero.
En el barrio de “la curva” había personajes muy importantes desde Vicente Zito, que jugó en la primera de Quilmes en 1932, y que después fue vendido a Racing, así como también vendió al arquero Cuello, a Sandoval, a Arrillaga, en fin, vendía a todo el mundo, así que mi padre que era entrenador del equipo renunció. Después lo
fueron a buscar cuando descendieron, pero como ya tenía trabajo en Nestlé, pidió aumento de sueldo sabiendo que no se lo iban a dar. No quería ser entrenador por la mala experiencia; porque la venta de jugadores se podía efectuar en cualquier época del año. La venta más importante fue la de Arrillaga a River, que se hizo en 30.000 pesos, y fue uno de los motivos que River se los comenzó a llamar “millonarios”.
R. D.- ¿Usted jugaba al fútbol?
R. B.- ¡Sí! Teníamos el equipo de Carlos Pellegrini, cuyo arquero era Aldo Severi, jugaban los hermanos Raúl y Antonio Jodurcha, y estuvimos varios años hasta que transitamos por Argentino de
Quilmes, y terminé mi etapa de futbolista pseudo profesional en la reserva de El Porvenir, en 1950, cuando en la cancha de Arsenal tuve un esguince por el cual estuve ocho meses con el tobillo hinchado. Estaba en tercer año de medicina, y entre ser un mediocre futbolista elegí ser un mediocre médico.
CRISTINA OLLER.- ¡Pero por eso sólo no elige la medicina!
R. B.- Elegí la pediatría porque siempre me gustó enseñarle a los chicos, incluso enseñaba ajedrez. Uno de mis alumnos Damián Rapa fue campeón argentino cadete. Gracias a ello fuimos al mundial en Francia y estuvimos dieciséis días alojados en París. Así que el ajedrez algo me dio. En cuanto a perder en ajedrez es una cuestión de autoestima. El ego sufre muchísimo, porque se puede aguantar que alguien sea más fuerte, pero es difícil de tolerar que sea más inteligente. Pero siempre me sentí más cómodo con los niños, porque con los grandes hay que hablar mucho y con los chicos se puede conversar con la mirada.
R.D.- Usted era un asiduo del club del barrio, el Club Alsina, ¿verdad?
R. B.- Allí fui subcampeón de billar, también de ajedrez cuando el número uno era Bonnano. Además, recuerdo al club por “la milonga” Ahí estuvimos hablando con Piazzola cuando fue con Campoamor Insúa. Ese día, con Severi, a Piazzola le criticábamos los cantores. Le decíamos que su orquesta necesitaba cantores del nivel de Marino o de Florentino. Y Ástor con mucho respeto los defendía. A nosotros  nos dispensó un trato muy respetuoso y realmente no entiendo a aquellos que lo tildaban de una persona arisca, siempre se mostraba muy amable. También estuvimos hablando con Ángel Vargas, un cantorazo. El Club Alsina ha sido un pedazo importante de mi vida.
C.O.-  ¿Recuerda algunas anécdotas?
R. B.- He tenido oportunidad de hablar varias veces con Osvaldo Pugliese. Cada vez que editaba un long play me lo mandaba por
intermedio de mi primo Daniel Binelli, el bandoneonísta, o por Penón que vivía en Bernal al lado de la casa de mi hermano. Penón fue quien llevó a mi primo a la orquesta de Pugliese en 1968. Lo contrataron hasta 1982. Daniel se había presentado en el programa “Nace una estrella”, el mismo día que se presentó Silvia Montanari. Ella fue a recitar y mi primo a tocar el bandoneón. A Silvia la contrataron como actriz, y cuando terminaba el programa llaman por teléfono preguntando quien era el que había tocado el bandoneón. Quien llamaba era Ástor Piazzola.  Después de catorce años con Pugliese, lo contrató Piazzola para hacer una gira por Europa. Estuvo en la televisión alemana y gracias a esa experiencia, hoy gana dinero tocando con su orquesta en el exterior. También estuvo enseñando bandoneón en Estados Unidos y hace poco realizó una gira por China.
R.D.- ¿Cómo comenzó su vinculación con Favaloro?
R. B.- En  primer año de Medicina, estaba en la misma mesa de disección que Juan José Favaloro, que era el hermano menor de René. Con ambos tuve una relación muy estrecha a partir de la facultad. Dos médicos muy inteligentes y grandes personas. Con Reneé nos comunicábamos por carta, era un hombre muy noble.
R.D.- Pero, además, sabemos que le gusta escribir y la cinematografía.
R. B.- Sí, me gusta escribir. Hice un poema que gustó y recibí  un premio en un concurso. La titulé “Bolilla”. Tuve el honor de contar con los elogios de un señor como Horacio Ferrer, que me trató de colega, poeta y amigo.
 En 1995, Rómulo Berruti y Carlos Morelli  me otorgaron el premio que daban en el programa televisivo “Función Privada”, al “Crítico de la semana”. Siempre fui amante del cine, y por eso fue que envié la crítica, y participé del programa.
También me gusta la fotografía. Cuando recorrí Talampaya saqué una foto de un petroglifo, que es un dibujo de más de dos mil años hechos por los indígenas del lugar,  cuando la revelé parecía un astronauta. Le puse de título “El astronauta de Talampaya”, la presenté en un concurso de fotografía y me dieron el primer premio. Después me la pidieron para el Salón de Bellas Artes. Fue una de esas fotos casuales, que cuando se toman no se piensa en algo importante. Pero me dio satisfacciones. Recomiendo a los argentinos a que visiten lugares tan bellos como Talampaya
C.O.- ¿Y el ajedrez?
R.B.- El ajedrez es como la vida, se comienza de chiquito y nunca se termina de aprender. El que dice que sabe todo se engaña a sí mismo. Es como el universo, imposible de conocer y dominar totalmente. Por eso, una manera de evitar la vejez es aprender algo todos los días.
R.D.- Tiene una actitud de aprendedor. ¿Nunca para de aprender?
R.B.- Es realmente viejo el que pasa el día sin aprender nada.
C.O.- Gracias don Rodolfo, espero que vuelva para seguir enseñándonos como descubrir las riquezas de la vida en todo momento.

lunes, 7 de julio de 2014

OSCAR POMETTI - OCTUBRE 2003

Recientemente EL QUILMERO comenzó a reproducir las páginas de RETRATOS EN LA CIUDAD, que concretaron Cristina Oller y Ricardo Debeljuh en su programa radial, con las palabras y el recuerdo de uno de los grandes de las artes plásticas quilmeñas ALDO SEVERI, siguió luego la elocuente personalidad de don ÉLIDO SCIAN y ahora reproducimos la música y la voz del tango, OSCAR POMETTI. Si bien estas historias tienen poco más de 10 años, bien vale reconstruir momentos del pasado, para confirmar la continuidad, la fuerza creciente de la pasión, la sensibilidad creadora y la fidelidad con sí mismo de aquellos que aquí repoduce EL QUILMERO. (Chalo Agnelli)

OSCAR POMETTI
(Cantantautor) 
RICARDO DEBELJUH.- Hoy retrataremos a Oscar Pometti.
CRISTINA OLLER.- Háblenos del tango, Oscar.
OSCAR POMETTI.- Es la música más importante del mundo en el ámbito popular. Hay tres ritmos que son los de mayor trascendencia en el mundo, y esto dicho por académicos, no es una teoría mía, son: el jazz, la bossa nova y el tango. Son músicas académicas. Si uno escucha, por ejemplo, tirolesa, desde la armonía tiene dos acordes solos. Hasta un chico de seis años puede tocarla con una guitarra. Es hermosa, pero no es de estudio. El tango es un género académico y, además, creo que es el mayor del mundo. Primero por su originalidad a nivel ritmo, armonía y melodía. Segundo, es el más completo por su nivel poético.
Cuando se estudia música, armonía, composición, escuchás un tango y lo tocás sin reflexionar mucho, pero un día te ponés a estudiar en serio y ves lo que guarda, y decís “¡mamita querida!”. Y tiene un condimento más, la emocionalidad. Otros géneros dan sensación de frialdad o son más intelectuales.  El tango tiene mucha pasión, “¡te rompe la cabeza!”.
R.D.- ¿Cuáles fueron tus comienzos?
O. P.- Mi auténtico comienzo fue el patio de mi casa, escuchando a mi viejo silbando. Porque vos sabés que cuando comencé a estudiar música, revaloricé como silbaba mi viejo; lo hacía con una afinación perfecta. En ese patio él se sentaba a escuchar tangos y yo lo acompañaba curioso. Así comienza en mí el gusto por la música. Mi primera experiencia fue a los trece años en un  conjunto de folklore. Empecé a tocar guitarra y a componer folklore fusión. Tocaba chacareras, zambas, un tema de Silvio Rodríguez y un tango. En el 98, me llamaron de una orquesta de Quilmes para hacer una gira por la Costa. Estaba en medio de una crisis artística; no encontraba un rumbo claro dentro de la expresión y del canto. Aún no había cantado nunca tango profesionalmente y acepté intentarlo.
Cuando fui al primer ensayo terminé enloquecido. Estuve durante cuatro horas escuchando y cantando tango, y eso me produjo una explosión. Me di cuenta de lo que quería cantar. Después de años de crisis, de no encontrarme y de no hacer nada; de invitarme a cantar y no aceptar. Porque consideraba que había que hacerlo con honestidad y no me creía preparado. Además, el canto es una cuestión de amor. Si no se siente así no sirve, es como decir “che te invito a salir con ésta piba” Si no se siente algo no será una buena salida.
R.D.- ¿Cuál es tu visión de la música hoy?
O.P.- Hay un rasgo propio del mundo actual, la hiper información. Para el arte es un poco complejo porque está más cerquita del silencio y tanta información, con tanto ruido; demasiada música foránea; lleva a los artistas nacionales a la dispersión. A mí me pasó.
Me llevó a una dispersión, interesante por un lado, para cantar jazz, pop, folklore, tango, blues y fusión. Eso me ha permitido por ejemplo, acompañar en distintos géneros a los alumnos en los talleres de música. Eso está bien. Pero desde el enfoque profesional es una época delicada. Otro aspecto fundamental es el tema de la raíz. En líneas generales se hace música sin raíz. Creo que todo esto tiene que ver con “los 2000”. Antes una persona interpretaba “su” música. No por una cuestión nacionalista, más bien por una condición natural. Ahora parece que se intenta volver a hacer una sola música; y el tango es único.
C. O.- ¿Cuál fue tu primer trabajo discográfico?
O. P.- Cuando me inicié en aquella orquesta, hacíamos distintos temas. Me llamaba mucho lo romántico. Desde siempre tuve gusto por una temática emparentada con lo romántico. Cuando se disolvió la orquesta, por cuestiones horarias de los integrantes, surgió la idea de encarar un disco romántico ya como solista. Y así nació “Tangos de amor”, que me dio bastantes alegrías, puesto que estuvo entre los mejores discos del año en los premios “Carlos Gardel” y fue nominado a  los Grammy Latinos en EEUU. Fue un pequeño aporte a la visión romántica del tango.
R. D.- ¿Quiénes te acompañan en tu espectáculo?
O. P.- En el espectáculo que presento me acompaña uno de los mejores guitarristas de tango del momento: Edgardo Acuña, y, además, director general musical del disco “Tangos de amor”. Y en la faz fotográfica, tanto del disco como en las muestras que a veces acompañan las presentaciones, Marcela Otegui, mi mujer, mi compañera y mi amor.
C.O.- ¿Quiénes son tus referentes?
O. P.- Un referente natural es Gardel. Es el número uno y el
inventor del tango. Pensemos que cuando comenzó a cantar, no se cantaba tango. Se tocaba un tango medio pajuerano, todo en negra. El tango riquísimo, “la canción” nace con “Mi  noche triste” en 1917, un tema de Contursi con Castriota. Lo inventó Gardel. Esa cosa de “percanta que me amuraste en lo mejor de mi vida...”
El grababa en una época donde no se podía hacer una segunda vuelta. Se hacía una única grabación, todo de una, con los guitarristas cerca del micrófono y él todo en vivo. Y uno no le escucha un pifie, una desafinación. No se le escucha una palabra mal puesta que no tenga que ver con lo que está interpretando. Era un genio. Después, en el 30, Gardel empezó a componer porque lo necesitaba para las películas, y compuso “Cuesta abajo”, “El día que me quieras”, “Volver”, “Soledad”. Sí, hablar de tango es como hablar de fútbol, no se puede hacer sin que aparezca Maradona y después hablamos. Es lo mismo, siempre aparece Gardel. 
A otro que admiro enormemente es a Troilo, un gran compositor. Cantantes: Goyeneche, “el polaco”, Floreal Ruiz, Edmundo Rivero. ¿Y cómo dejar afuera a Piazzola? .  Y poetas: Manzi, Cátulo Castillo, Homero Espósito, José María Contursi. Es una recorrida por el siglo a grandes pasos, hay más, por supuesto.
R.D.- ¿Te gusta componer?
O. P.- Si te digo que componer es un paseo por el paraíso, con eso lo digo todo. Componer es el vacío total y el lleno total. Y es eso de descubrir, de encontrar... y cuando lo vas haciendo, el proceso, es maravilloso. Ahora tengo la suerte de estar trabajando con los números uno del tango y la poesía - menos Ferrer y Eladia Blázquez, que son personas muy ocupadas, y no veo la hora de que hagamos algo juntos - Héctor Negro, un capo, Alejandro Schwagman, Ernesto Pierro, del que Raúl Lavié acaba de editar un CD con seis temas.
Así que esa cosa de escribir, mostrarlo, charlarlo, esperar la letra, empezar el nuevo disco, no es para compararlo con un hijo, pero es más o menos como un sobrino.
C.O.- ¿Cuál será tu nuevo trabajo o con qué temática lo abordarás?
O.P.- Alguien puede imaginar que vamos a hacer “Tangos de amor 2”, pero yo no lo siento. No me sale repetirme. La temática del nuevo trabajo va a ser más tanguera. El primero fue un disco concebido desde lo romántico. Ahora, va a estar: “Que me van a hablar de amor”, “Milonga sentimental”, va a haber seis temas clásicos y seis nuestros. Digo nuestros porque va a haber temas con Edgardo Acuña, como “Tango azul”.
R.D.-Grisel” es un tango que te gusto mucho ¿Verdad? ¿Conocés su historia?
C.O.- ¿Qué momentos recordás con más cariño, en tu vida profesional?
O.P.- Sí, es un tango que contiene una historia real. Contursi, era un hombre casado que tuvo un problema de asma y viajó a Córdoba para curarse. En la hostería donde paró durante tres meses vivía Grisel. Había sido reina de Capilla del Monte, a los pies del Uritorco. Y se enamoraron, pero él no se animó a continuar la relación. Volvió a su casa y escribe el tango Grisel en el momento de separación. Cuando la volvió a buscar, ella, de bronca, se había casado con otro. Un matrimonio que concebido desde el despecho. Pero Contursi queda viudo joven y coincidentemente Grisel también. Tenían cuarenta y pico cada uno cuando se volvieron a encontrar, se casaron y fue su esposa durante los últimos veinte años de su vida. Esa es la historia de Grisel.
O.P.- Por suerte, muchos. Uno de ellos fue cuando tocamos en el Teatro San Martín, en su hall Central. Ese es un lugar bastante difícil, es complejo para un artista trabajar ahí, porque ese espacio está pensado para convocar a la gente que sale de las salas.
Se lanza el show en el momento que terminan las obras y salen miles de personas hablando, comentando lo que vieron, mientras el show intenta retener a la gente en el vestíbulo. De buenas a primeras tenés que hacer la presentación con cuatro mil personas en esas condiciones de distracción y ruidos. Pero lo nuestro, en esa oportunidad, fue una cuestión mágica. Algo sagrado. La gente se acercaba, iba haciendo silencio y se empezó a generar el mismo clima que en un teatro o en Polaridades o en Casa de Arte Doña Rosa de Quilmes.
Un día también, muy hermoso, fue el de la muestra de fotografías de mi señora, Marcela Otegui, que si bien no hicimos un show completo, fue algo hermoso. 
C.O.- ¿Crees que hay referentes afectivos perdurables en la vida vertiginosa de hoy?
O.P. - El apuro y la necesidad para ir a buscar “el mango” y encontrarlo, con lo difícil que es, requieren de uno una permanencia full time. El trabajo hay que cuidarlo. Además, se agrega la hiper información, esto de la Internet, más el consumismo. Todo esto hace que uno se olvide de los referentes y ya no hay tiempo de visitar a los abuelos, a los amigos, hay que irse del país porque acá no hay trabajo, afuera se gana mejor. Y se comienzan a dar generaciones de chicos sin abuelos, sin afectos originarios, sin raíces. A mis dos hijas les decimos siempre que los besitos que dan los abuelos y los padres son tesoros que perduran toda la vida. No tener a los abuelos es una porción menos de los tesoros que la vida retacea a los chicos.
R.D.- Bueno, Pometti, muchas gracias por tu arte y por esto de compartir tu historia con nosotros.    
CD: "Profecía en Tango" noviembre 2005/julio 2006