viernes, 23 de octubre de 2015

MARCELO MARCOLÍN (POETA)

El 3 de setiembre de 2011, hace cuatro años murió un poeta "sin pausas de silencios, sus palabras se escurren de las emociones que atraviesan a los hombres en la vida; a unos los despabilan a otros los abaten", Marcelo Marcolín, tenía 54 años. El pueblo no se quedó sin palabras, están sus libros y la memoria de quienes nos consideramos sus amigos de la vida. Hay hombres que son escuela en su pensamiento.
Esta entrevista se le hizo en el programa "Retratos en la Ciudad" de Cristina Oller y Ricardo Debeljuh en diciembre de 2004, ya hace 11 años.

RETRATOS EN LA CIUDAD
CRISTINA OLLER.- Le pedimos el saludo a nuestro invitado de hoy el poeta Marcelo Marcolín, un señor que ha publicado varios libros, revistas y que tiene mucho que ver con el quehacer cultural subterráneo desde hace mucho y sigue sosteniendo esa postura.
MARCELO MARCOLÍN.- Buenas noches. Muy contento de compartir con ustedes este espacio. 
RICARDO DEBELJUH.- Vamos a compartir “Que el viento borró tus manos” por Almendra un tema de Emilio del Güercio, un conocido de Marcelo Marcolín.
... ... ... 
R.D.- Contanos cómo fueron aquellos años setentistas y cómo se despertaron en vos tus inquietudes. 
M. M.- Nosotros, el Movimiento Subterráneo, veníamos con una influencia muy grande de lo que era el rock nacional y los beatniks
norteamericanos. En Plaza España hace apenas 32 años, se empiezan a juntar poetas, náufragos como les decíamos nosotros, a tocar la guitarra e intercambiar poemas escritos a máquina. Allí comienzan las primeras publicaciones con una influencia de una parte de la generación del 60, que estaba dividida en dos desde lo ideológico. Amigos que mantengo, que tenían una actitud contestaría desde la poesía como fue el grupo “Barrilete” con Santoro que está desaparecido, Marcos Silver, mi amigo; Carlos Patiño, otro amigo más, Gelman... Y otra parte llamados los “Mufados”, entre los que estaba Miguel Grimberg, que venía documentando desde los comienzos no sólo el rock nacional – la
época de La Cueva que fue el embrión del rock nacional - sino el de EEUU. Grimberg y su grupo hacían una revista que se llamaba “Ecos contemporáneos” y existía otra que se llamaba “Contracultura”. De ahí surge la idea de hacer revistas - en un comienzo se llamaba alternativas y luego subterráneas pues no se hacía únicamente contracultura sino que habiendo llegado los años duros de la dictadura circulaban por abajo - y que no eran sólo literarias; teníamos temas como la ecología cuando aún no se hablaba de eso. Esas revistas fueron las primeras que tocaron el tema. E incluso hubo revistas subterráneas ecologistas. En aquellos años hubo una represión dura de la policía en Plaza España y “Aquelarre” responde con el tema “Violencia en el Parque” De allí se pasa al Parque Rivadavia, al Parque Centenario y producido el golpe del 76 se acabaron los parques. Entonces comienza la otra movida, vía postal. Era grandiosa la red que habíamos tejido en todo el país y en los cinco Continentes. En el peor momento de la represión, que fue previo al mundial 78 con la consigna de limpiar
el país, había poco más de 300 publicaciones alternativas en la Argentina. Muchas zafando del control de los milicos y, así y todo, hubieron desaparecidos como Federico Quintana y compañeros poetas que estuvieron presos muchos años como Rafael Restaino y Jorge Reboredo que estuvo ocho años y cuando salió se suicidó, pero en realidad es como que lo mataron antes. Este movimiento tenía grandes diferencias con los sectores de la cultura y de la literatura política por eso no estamos en los libros y no se ha escrito nada sobre esto porque no acatábamos sus pautas. Sin embargo, tomábamos partido y muy fuerte. Recuerdo una palabras de Carlos Patiño en una autocrítica que él se hace en un encuentro de poesía donde dice: “Yo me exilié y cuando volví a la Argentina, reencontré la poesía, porque había unos locos que mientras yo estaba afuera mantuvieron la poesía viva como en un calefón la llama del piloto, entonces cuando llegó la democracia el calefón logró encenderse”.

Para nosotros con la vuelta a la democracia termina el movimiento subterráneo. Poco a poco se fue diluyendo, porque habíamos crecido, teníamos otros compromisos personales, teníamos militancia política. Yo la tuve y la sigo teniendo. Lo que quedó fue la esencia. Por la experiencia de lo beatniks norteamericanos nuestra historia pasaba por ir en tren de un pueblo a otro, a dedo, haciendo encuentros de poesía en plazas. Íbamos a Los Cardales de allí a Pergamino, a Santa Fe. Una vez hicimos un encuentro donde vino gente de Chubut. Toda la comunicación era vía postal. Fijamos una fecha para dentro de tres o cuatro meses, un lugar y ahí concurríamos. 
R.D.- Qué tarea dura, porque hoy con el correo electrónico donde hay hasta camaritas para ver la imagen del receptor es mucho más fácil y rápido llegar a todos lados. 
M. M.- Así es. Y, previniendo, sacábamos casillas de correo cuando nos encontrábamos que la correspondencia estaba abierta. Es verdad lo que decís sobre la comunicación hoy, nosotros esperábamos una carta de Noruega hasta seis meses. Pero era lindo el ritual de recibir y enviar cartas. 
C.O.- ¿Cuándo te afincaste en Quilmes? 
M. M.- Hace veinte años calculo. De pibe viví en Berazategui. Viví en muchos lados. 
C.O.- Contanos que tuviste que ver con la tapa de un disco, esa recopilación de temas tan lindos de Julio Lacarra que andaba haciendo falta en las bateas. Sabemos que es un trabajo de Oliveira. 
M. M.- Si son 19 temas se llama: “Julio Lacarra, un animal que canta y sueña” como el ciclo que está haciendo en el bar Tuñón y como la canción que él musicalizó de Armando Tejada Gómez. Yo trabajo con Julio diseñando desde hace tiempo y lo hice basado en una obra de Manuela Oliveira “Animalesco”. Es muy fácil trabajar cuando se tiene elementos de esa calidad. 
C.O.- También tuviste que ver con “Ejes del Sudeste”, la revista donde Julio estuvo varias veces, pues él siempre tiene tanto que contar. Con las actividades de “El Rodeo” y toda la movida cultural y social. 
M. M.- Si, ahora estamos armando un nuevo número con mucho esfuerzo en una situación económica que no es providencial para la cultura. Insertamos todo lo que en estos temas acontece en Quilmes y en Berazategui, allí desde el gran apoyo del municipio,  porque en Quilmes la cultura la sostienen los emprendimientos privados. ¡Hay 22 cafés literarios! 
R.D.- ¿Cómo fue tu desarrollo como escritor? 
M. M.- La influencia de pertenecer a un movimiento marca. Se vivía en un estado poético. La literatura para mí, y sobre todo la poesía, fue una elección en mi vida.  Nunca hice una poesía panfletaria. Trabajé mucho las imágenes. Un amigo decía que en los 70, los 80, la metáfora fue una necesidad. Creo que en poesía tengo un acercamiento a lo sensorial lo erótico. Esa es mi literatura. 
R.D.- ¿Con qué autores te identificás? 
M. M.- Me marcaron fuerte los integrantes de la generación beatnik norteamericana: Allen Ginsbourg, Berlingeti, Jack Guelbar que se me cruzaban con Antonin Artaud, Rimbaud, se me hacía un cocktail en la cabeza. Y los latinoamericanos: Vallejo, Neruda, Cortazar, aunque hay muy poca de su poesía. Cortazar me incluye mucho. 
R.D.- Estás trabajando en pos de una novela ¿Verdad? ¿Cuál es la temática? 
M. M.- Es ficción con muchos datos históricos de nuestra Argentina. Sucede entre los años 40 y 60. por ahora es un ejercicio porque nunca logré que aparezca el motivo de una novela. Escribí un cuento que se me hizo muy largo lo empecé a fraccionar y Patiño me dijo, esta es la novela. 
C.O.- Claro, como él le sucedió con la “Pallamay”. Y tus obras publicadas son: “Breves”, “La primera letra”, “El fantasma y los otros” (1978), “La coronación del príncipe mudo”(1980), “Matecocido” (1984), “Ángeles clandestinos”, “Siestas de Wincofón” (1999), “ Estrella de sal” (2001), “Esperando el último tren a Cañuelas” (2002) y estás  preparando para el 2005, “El viejo automóvil de los sueños”[1]. Además, estás en distintas antologías, escribiste columnas con cierta continuidad, leíste trabajos en nuestro país y en el extranjero ¿Dónde precisamente? 
M. M.- En Uruguay, en Nicaragua, en Brasil. Fue una experiencia muy linda, sobre todo en Nicaragua que es un país de volcanes, lagos y poetas. Fui recopilado en los lugares que anduve poemas de la gente. Es interesante la cantidad de poetas que surgen de todos los rincones de ese maravilloso y dolido país.
C.O.- De “Esperando el último tren a Cañuelas” voy a leer “Rostros en el viento”. Elegido al azar. 
Las sombras del Empir State se  asoman por la esquina de casa
Los soles de Costa Rica penetran por la ventana de la cocina
Los Pirineos se divisan desde el patio.
El rumor de la mañana despierta ensueños sobre los hombres.
Los cuerpos de agua han viajado desde la lejanía hasta el baño.
Nadie vendrá por la taza de café.
Nadie asomará su rostro en el espejo azul.
Los carteles de la ciudad anuncian una nueva historia  en el siglo.
Lejos del alma, el poema renace entre gritos indígenas y marcas aladas.
Copérnico tu capa roja entre las sombras del pasillo.
Tu mano rota entre las estatuas de viento.
Y vos, una estrella fugaz entre la multitud de cera. 
C.O.- ¿Qué te pareció el Encuentro Nacional de Poesía Quilmes 2004? 
M.M.- Participé. Fue una puesta interesante. La poesía es la cenicienta de la literatura y que se haya alcanzado esta apuesta tan trascendente por parte de Artenpie con el apoyo de la UNQUI, que le dio un marco diferente, académico. Lastima que los medios no se hicieron eco como deberían.
R.D.- ¿Qué te resulta más fácil, más cómodo, escribir desde la alegría o desde la tristeza? 
M.M.- Uno escribe en un estado de ánimo determinado no sé que es más fácil. Aunque sería más lindo escribir siempre sobre la alegría pero la tristeza influye. Me gusta la alegría. 
C.O.- ¿Qué pasará el 27 de noviembre en Caseros 1750, Centro Cultural del Sur, a las 20:30? 
M.M. – Se conmemoran los 30 años de la aparición de la revista “Mitomanía” una del las pioneras y la que más perduró de lo que fue la prensa subterránea de la que fui parte del equipo editor. Allí nos juntaremos unos cuantos poetas como Grimberg, Pipo Alernú, Daniel Ser, Luisa Aguirre, Bedo Baldi, más la música de Rodolfo García un ex Almendra - Aquellarre, Emilio del Güercio otro ex Almendra ya alguna sorpresita para homenajear a la poesía subterránea con músicos que le darán color a la cosa. El espectáculo se llama “Soplando en el viento”. Porque en el primer numero de “Mitomanía” la contratapa tenía la traducción de ese tema de Bob Dylan 
R-D.- Son nombres que integraron esa movida de artistas que  conmovieron a decenas de miles de jóvenes y, aún ya escuche mucho o poco, la música de Almendra o Aquellarre a muchos de nosotros nos quedó vivo el espíritu de esos años.
M. M.- En caso de Almedra todo lo que surge a partir de ellos, particularmente de Spineta, su trayectoria a través del tiempo fue demarcatoria. No se limitó a grabar un disco y ser conocido. Hay un artista completo en Spineta. 
R.D.- Exactamente. Vos antes nombraste a Artaud y Spineta sacó un disco basado en sus lecturas de ese poeta. Fue una de las maravillas del rock nacional. 
M. M.- En ese disco hay un tema que considero uno de los mejores del rock nacional, “Cantata”. 
C.O.- Contanos sobre “El ojo de la ballena”. 
M. M.- Fue una publicación que surge en el 78. Originalmente le iba a poner La ballena, pero surgió otro grupo que motivado por una gran matanza de ballenas tomó ese nombre, entonces opté por “El ojo de la ballena”, porque tenía vuelo. Tuvo distintos formatos. Fue tríptico, fue revista, fue mini carpeta de 10 x 10 y fue una editorial. Desde el 78 a la fecha se mantiene. Siempre hago algo con “El ojo de la ballena”. Lo último, el 14 de febrero de este año, fue una pequeña antología que hice en una especie de carpeta compacto de distribución gratuita, en conmemoración de Pajarito Sánchez, un poeta de Quilmes desaparecido. Hicimos un homenaje en El Monje. Ahora estoy haciendo señaladores y difundo distintos poetas. Salieron de Patiño, de Marcos Silver. “El ojo de la ballena” es una revista o ediciones por la poesía, no de poesía. Esa es la apuesta. 
C.O.- Ahora nos podrías leer vos, Marcelo. 
M. M..- De “El viejo automóvil de los sueños”, que va a salir en marzo o abril, “Numérica”. 
Todo su cuerpo son números:
             números espaciales perpetuamente tatuados.
A veces con forma de pelo, otra de ojos
            y muchas tantas de dientes.
Ella discute la matemática casi como una constante
y se convierte en sombra del uno, del dos
y demasiadas veces, como cinco,
                         del cinco.
Uno saborea su parte 62
y descubre el 25 en el inmenso placer
que otorga jugar en el 36.
Ella calma los números
                                     desvela incógnitas,
se enloquece a través del 57
               y se hunde en el éxtasis que el 22 le provoca.
Me muerde el 18.
Me mira el 14.
Me perfuma el 51.
veces la quise.
veces morí por ella.
                         20  veces la espero.
Sé que estoy en sus números:
           en el lugar del 27 ( o sea  en su corazón)
Por eso voy de un lugar a otro de sus álgebras
              sangrando ecuaciones imperfectas.
40 veces sueño en sus sueños,
eternamente resto pasiones a su pasado.
infinitamente deambulo por el futuro de sus propios laberintos
en la enésima pasión que su cuerpo otorga. 
R.D. – Poema del un libro que saldrá el año próximo. 
M. M.- Si publicado por una editorial que es una cooperativa de trabajo integrada por mucha gente joven, que se llama “Flor de cardo”. El año próximo largará una serie de poetas, escritores y yo con este libro. 
R.D.- Después de ese libro que sigue. 
M. M.- Seguir en la ruta. Como hasta ahora. Sin que nadie me perturbe. Haciendo encuentros de poesía, comunicándome, escribiendo. Dejar algo en el camino. Y el sábado 27 estaré en el Centro Cultural del Sur. 
R.D.- Gracias por estar acá y esta puerta sigue abierta para vos. 
M. M.- Gracias a ustedes, fundamentalmente porque gente como ustedes a través de estos espacios van reconstruyendo poco a poco lo que es nuestra cultura y nuestra memoria.

 Entrevista: Cristina Oller y Ricardo debeljuh
Desgrabación:_ Chalo Agnelli 
Director del blog
VER:

Ver en EL QUILMERO del sábado, 3 de diciembre de 2011, MARCELO MARCOLÍN - NO HAY SILENCIOS, SI HAY POESÍA http://elquilmero.blogspot.com.ar/2011/12/marcelo-marcolin-no-hay-silencios-si.html


NOTAS

[1] Se presentó el jueves 14 de mayo del 2005 en Casa de Arte Doña Rosa, con la presencia de Ricardo Maneiro, Carlos Patiño y Néstor Arias. Lecturas a cargo de Cristina Oller.

lunes, 7 de septiembre de 2015

MARCELA OTEGUI, FOTÓGRAFA - DICIEMBRE 2003

Este reportaje que Cristina Oller y Ricardo Debeljuh hicieron a Marcela Otegui fue posterior a una extraordinaria muestra fotográfica que esta artista de la fotografía hiciera en 2003. Luego fue publicada en el libro "Retratos en la ciudad", y ahora la recuperamos para este sub-blog de EL QUILMERO. 

RICARDO DEBELJUH.- Hablanos sobre tu muestra, Marcela. 
MARCELA OTEGUI [1] .- La muestra es principalmente sobre tango. Está dividida en dos partes: una en blanco y negro, y otra en color. Es un proceso que vengo haciendo desde hace tres años. Empezó cuando mi esposo, Oscar Pometti, grabó el disco “Tangos de amor”, cuando le hice las fotografías de la gráfica. Es una muestra con mucho amor e historias humanas. La parte de color es una parte que habla más de mis sentimientos con respecto al tango. 
R.D.- ¿Cuál es tu experiencia en la fotografía? 
M. O.- Soy una fotógrafa nueva, desconocida, que estudia mucho, pero que recién ahora me largué a hacer muestras. Esta sobre tango,
ya la había presentado primero en un restaurante de la Capital, luego en un teatro. Pero esta vez la hago en un lugar de tanto prestigio como es el Museo Fotográfico de Quilmes, gracias a la ayuda de su director Fernando San Martín, que me brindó su apoyo. 
R. D.- ¿Cómo empezaste? 
M.O.- Generalmente era la documentalista de mi familia, la que sacaba fotos de cumpleaños, vacaciones, en fin, de esos eventos de la vida familiar. Mi padre cada vez que me regalaba una cámara, elegía una automática. Pero en realidad, siempre quise las manuales, ya que me permiten elegir cosas. Cuando él no pudo sacar fotos por problemas de visión, sus cámaras de enfoque manual llegaron a mis  manos, y ahí fue el momento de comenzar y no para más. 
R.D.- ¿Hiciste estudios al respecto? 
M.O.- Sí. Comencé a leer, a estudiar en la escuela de la Municipalidad de Berazategui. Actualmente estoy en la búsqueda, en abrir mi cabeza a nuevos conceptos. Porque una vez que se adquiere la técnica, hay que plantearse que se quiere hacer con ella. Como plasmar lo que uno tiene dentro de su mente. 
R.D.- En un clima de creación como es tu hogar, entre la música y la imagen, estamos seguros que no te costará mucho. Y te deseamos éxito y que pronto nos brindes nuevas experiencias como esta. 
M.O.- Gracias a ustedes por interesarse. Uno no advierte el valor de lo que hace hasta que lo comprueba a través de los demás. Gracias. 
Cristina Oller y Ricardo Debeljuh
desgrabación y compaginación Chalo Agnelli
NOTA
1.- Grabada en ocasión de la presentación de diciembre del 2003, en el Museo Fotográfico de Quilmes.

viernes, 31 de julio de 2015

VICTORIA MORÁN, CANTANTE DE TANGO - AGOSTO 2004 (Y ALGO MÁS)


RICARDO DEBELJUH.- ¿Cómo te ves, teniendo una corta edad, con una carrera vasta en el escenario tanguero de la zona y del país? 
VICTORIA MORÁN.- Comencé en el año 1996, integrándome al tango de manera profesional. Desde allí hasta ahora, creo que he conseguido estar instalada dentro de lo que es el tango criollo, o el de la guardia vieja. Haciendo el repertorio que siempre quise y me gusta, a pesar de que me ha ocasionado algunas dificultades. Esto se debe que en general se canta un repertorio con temas más conocidos, mientras que yo soy un poco chúcara en ese aspecto, jamás me aparté de lo que a mí me gusta, no creyendo que es lo mejor, solamente porque es lo que más siento cantar. En realidad si no me resultara un placer y una alegría cantar, no podría llevarlo adelante. A veces, la gente pide que cantes un tema, y si bien la entiendo quiero que ellos acepten escuchar los temas que elijo. Porque los clásicos de tanto escucharlos  se van desgastando un poco. Lo que intento es mostrar piezas que parecen estrenos y, sin embargo, tienen años de creación. 
CRISTINA OLLER.- Es que ya se sabe lo que viene en los temas que tanto repiten, y quedan como muy “manchados”…

V. M.- Nadie puede negar la belleza de “Malena”, pero de diez años para atrás, lo grabó muchísima gente y se difunde demasiado,
cuando se olvidan de otros como “Mano Blanca” de Manzi. En la elección del repertorio puedo estar orgullosa de decir el lugar que tengo dentro del paisaje tanguero. Creo que es que cuando hay un ciclo con una temática costumbrista, me identifican y me llaman. Porque saben que no me aparté nunca de eso que elegí y que dentro de ese cantar, no hay mucha gente que lo transite, y he recibido la aceptación por parte de la gente. 
C.O.- Sos de Berazategui, tenés 27 años, sos una piba y hace dos años te conocí por el suplemento Radar, de Página 12. En esa nota Julio Nudler habló tan hermosamente de vos...
V. M.- Hasta hace unos días se lo estuve agradeciendo por el hecho
que haya hablado bien de mí solo por haber escuchado un CD que le llegó. Me resultó admirable la humildad con la que hizo la entrevista. Un mano a mano con café de por medio. Y, además, respetando tanto lo que había dicho que me tuve que hacer cargo de lo manifestado. Trajo un tanto de revuelo esa nota. 
C. O.- Lo tuyo es muy auténtico y sin ofensas, sentís lo que sentís, sin atacar a nadie y sin resquemores. Julio Nudler comenzaba la nota diciendo: “Es heredera de la tradición gardelliana y los cantores criollos Cantó con Luis Cardei y es admiradora de Nelly Omar, lleva tiempo sobre el escenario, y aunque tiene dos CD grabados difunde su música a pulmón. Con apenas 24 años, Victoria Morán, es un de las cantantes más notables de una saludable corriente que intenta recuperar un repertorio alejado del tango más difundido.” 
V. M.- Es una belleza la nota esa. Empecé en Berazategui, pero en Quilmes comencé a cantar en las peñas del Club Quilmes Oeste. Hacía tres temas acompañada por Rino Pizorno y Abel Terrile. Por entonces no tenía oportunidad de hacer el repertorio que quería con guitarras, pero luego, cuando grabo el primer CD si pude elegir. La gente que me conoce aquí en la zona, es por las actuaciones en aquellas peñas. También lo hice en Casa de Arte Doña Rosa, pero es importante y difícil la difusión para que la gente conozca lo que hacés. 
R. D.- De lo que se trata es que hacés lo que te gusta, tratando de difundirlo con coherencia. ¿Desde cuándo y de dónde viene tu música? 
V. M.- Mi viejo es guitarrero de años. Comenzó con mi madre cantando folklore en peñas.  Mis primeras lecciones de armonía y canto las tuve con mis padres. El tango viene de la mano de mis abuelos. En casa no había discos de Gardel, pero escuchaba con mis abuelos tango, además, Radio Nacional, Rivadavia. Para mi el
tango significa o representa los recuerdos de mi infancia. Mis vacaciones en el campo, la libertad, la siesta, todo lo que uno hace cuando es chico. Cuando se tiene una infancia feliz, y la música de fondo suena en tiempo de tango, cada vez que canto alguno me remite a esa época. Por eso canto con un nombre artístico, que no es otro que el de mi abuela. Ella no me escuchó cantar sobre un escenario, pero si en el campo cuando llevaba un teclado, me instalaba debajo de una parra y tocaba y cantaba valses que ella me enseñó. Por eso no puedo intelectualizar al tango, tampoco bailarlo, sólo digo que para mí el tango es una serie de hermosos recuerdos pegados uno al lado del otro, que representan una infancia feliz. 
R. D.- En síntesis ¿Podríamos definirlo como un sentimiento? 
V. M.- Es un sentimiento, pero no hacia el tango, porque no viví esa época. Hubiera adorado poder ver a Gardel, Hugo del Carril, Rivero y tantos otros, bailar el tango como se bailaba antes y disfrutarlo en la época de oro. 
R. D.- ¿Qué actuaciones recordás que te impactaron emocionalmente mucho? 
V. M.- Cantar en el Presidente Alvear fue un sueño hecho realidad, porque tenía diez años cuando fui a ver a Nelly Omar. Recuerdo que con mi padre compramos unas flores que le obsequiamos al borde del escenario, y se sacó una foto conmigo.
Luego de unos años canté en ese teatro y tuve una sensación muy fuerte. Esto por lo significativo del lugar. Un sitio de San Telmo que se llamaba “Megafón” lo recuerdo particularmente, porque se dio una comunión muy especial con el público. Canté “Amémonos”, que popularizo Antonio Tormo y miraba a la gente impactada con lágrimas en los ojos lo que me emocionó mucho. También me sucedió que cantando el vals “Tu pálida vos” me conmoví profundamente porque lo entendí. 
R. D.- De los artistas ¿Quiénes impactaron significativamente en tu carrera? 
V.M.- En la primera línea: Gardel, Corsini y Magaldi. Intocables. No compiten con otros porque lo que hicieron es insuperable. Después la línea gardeliana: Charlo, con una afinación excepcional;
Rivero que cantaba lo que le pidieran, tanto lunfardo como romántico; Hugo del Carril, un señor cantor de mucho sentimiento. También destacó a Raúl Verón y Alberto Gómez. Y entre las mujeres Nelly Omar que con 92 años sigue cantando con una calidad única. Es el Gardel de las mujeres. Una voz privilegiada. Suelo tomarme el atrevimiento de llamarla para el Día del Maestro. Así la considero. La quiero mucho. También admiro a Susana Maizani y Libertad Lamarque con otro tipo de registro. Las dos grandes.
de Cristina Oller y Ricardo Deblejuh en "Retratos en la ciudad"
programa radial y libro editado por Ed Jarmat en 2006
Desgrabación y compaginación Chalo Agnelli
"Por el camino" último CD de Victoria Morán.
"VICTORIA"... DE PELÍCULA...
Recibimos esta nota gracias a la colaboración de la fotógrafa Silvia Marmori, se realizó en 2015, al director cinematográfico Juan Villegas, quien en un film nos actualiza el camino andado por Victoria Morán desde el 2004, fecha en que fue enrevistada en el programa radial "Retratos en la ciudad" por sus conductores Cristina Oller y Ricardo Debeljuh. 
"Victoria" (presentado en el BAFICI 2015) es un documental sobre esta cantante de tango, pero también un ensayo sobre el cine, desde la autobiografía del director. Fue recreada en un film por el director Juan Manuel Villegas quien es conjugado en esta nota del crítico cinematográfico Ezequiel Boetti. 
Si bien tiene una trayectoria de más de 15 años, Victoria Morán
sigue siendo uno de los “secretos mejor guardados” del tango (aunque también puede cantar con su hermosa voz desde un blues hasta folklore, pasando por un tema de Omara Portuondo)
Juan Villegas, director de "Sábado" que se estrenó el 22 de agosto de 2002; "Los suicidas" y "Ocio (2010), debuta en el documental con un registro sencillo, para nada pretencioso, pero de una belleza y una sobria elegancia poco habituales en el registro de una artista. Con una cámara que jamás se entromete, con una puesta que nunca manipula, Villegas observa a prudente distancia pero sin perderse nada de lo esencial tanto la intimidad de la vida cotidiana de Morán (cuando viaje en tren, cuando cocina, cuando llama ella para conseguir fechas para sus shows) como cuando participa en distintas sesiones de grabación o se junta con sus familiares para tocar y cantar.
No hay testimonios a cámara, voz en off ni artificios que nos expliquen el universo Morán. La información básica llega bastante avanzada la película durante una entrevista periodística en la que ella contará algunos aspectos de su carrera y, sobre todo, su admiración eterna por Nelly Omar, su mentora, su profeta, su guía, su faro.
Particularmente divertidas son las escenas en las que vemos a Morán dando clases (con mucha paciencia) a los alumnos que van a su casa en una zona bastante humilde como la de Berazategui.
Película pudorosa, respetuosa (Frederick Wiseman es el principal referente del realizador), "Victoria" (así se titula el film) encuentra el punto exacto para transmitir la esencia (la forma de vida y de entender el arte) de una cantante excepcional que, ojalá, consiga a partir de este documental una masividad que no tiene, pero evidentemente merece. Para Villegas, tras algún que otro traspié, el mérito enorme de haber conseguido uno de los films más sensibles y delicados del festival. 

JUAN MANUEL VILLEGAS
 Villegas (n. 28/12/71 - director, producción, guionista, montaje, producción ejecutiva, ayudante de dirección) es director y guionista de la película dedicada a la cantante Victoria Morán 
-¿Cómo definirías la película y qué desafíos se plantearon al hacerla?
-Victoria es un retrato de Victoria Morán, que es una cantante notable, con una personalidad artística muy clara y definida. En un punto la película da cuenta de su talento y de su concepto de lo que debe ser una canción. La primera vez que vi un recital de Victoria lo que más me impactó, además de su voz, es que el repertorio podría haberlo elegido yo. Todos los tangos y canciones que cantaba estaban en mi lista de preferidos. El repertorio en un cantante es clave. Define un linaje, filiaciones. Victoria, para mí, se encuadra en la tradición que inicia Gardel y continúa en los cantores de Troilo. Y en la que se debe incluir, obviamente, también a Nelly Omar, mentora artística de Victoria. Yo creo que la película es una toma de posición estética, una manifestación de mi preferencia por esa tradición, que incluye también parte del folklore. Pero también es una excusa para reflexionar sobre otras cuestiones. El film plantea un punto de vista sobre las relaciones entre el arte y el dinero, entre lo familiar y lo profesional, entre lo privado y lo público. Y, si por una parte yo me siento muy identificado con Victoria en cuanto a su gusto musical, es en estas cuestiones en las que la identificación es aún más fuerte. Al poder meterme a observar su vida, al observar con la cámara cómo estos conflictos se manifiestan en cada uno de sus actos, descubrí que la película también es un autorretrato. A través del retrato de Victoria, yo estoy reflexionando sobre mi lugar como cineasta y como persona.

 -¿Cómo fue el proceso de producción?
- Hubo unos primeros acercamientos con la cámara en 2013, pero era una etapa más de investigación. El rodaje empezó en marzo de 2014. Fueron entre 8 y 10 jornadas de rodaje, repartidas a lo largo de todo un año. Lo último fue filmado en febrero de este año. Fue un proceso extremadamente fluido. Para mí fue muy lindo poder hacer esta película sin tener que detener el normal desarrollo de mi vida cotidiana. Esa necesidad que exigen los rodajes convencionales de interrumpir la vida de uno por dos meses me parece en un punto inhumana. Acá no fue necesario. Y ahora descubro que de alguna manera yo filmé la película de la misma manera que Victoria graba su disco o prepara sus presentaciones en vivo. En la película se ve cómo en la vida de Victoria lo profesional se intercala naturalmente en lo cotidiano. El rodaje se llevó adelante también así.
 
-¿Con qué apoyos contaste?
- Conté con el apoyo del INCAA, a través de la vía digital de documentales, y con el de la Universidad del Cine, que aportó equipamiento de sonido y accesorios de cámara. También hubo un pequeño aporte de crowdfunding [1] a través de la plataforma Idea.me. Fue la primera vez que lo intenté y, aun cuando no resultó un aporte significativo, me pareció una buena manera de ayudar a financiar películas como estas.

 -¿Cómo te definís como director?
-Hice cuatro películas y puedo ver que son todas muy distintas. Y las que planeo hacer son también muy distintas a las que hice y muy distintas entre ellas, por lo que me cuesta encontrar una forma de definirme como director. Lo que sí puedo decir es que nunca como ahora tuve tantas ganas de filmar y de probarme con formatos y propuestas tan variadas. Y algo que tal vez es todavía más importante: llegué a un momento de mi vida y de mi carrera en el que siento una gran necesidad de ofrecer una mirada que manifieste cierto optimismo vital. Victoria es el primer síntoma de eso. Es mi película más feliz, sin duda. Se muestra claramente que Victoria debió enfrentar en su vida muchos obstáculos (y los sigue enfrentando), pero su perseverancia y su actitud vital y artística son lo que prevalece.

  -¿Cuáles son tus grandes referentes del rubro y búsquedas artísticas?
- Yo sigo siendo un amante del cine clásico, aunque creo que la idea de “clásico” es un gran malentendido. Seguramente lo que yo considero como clasicismo cinematográfico difiere mucho de lo que piensan otros. Pero es una discusión para otro momento. Sólo digo que creo que el cine norteamericano alcanzó, en su conjunto y en sus cimas, entre las décadas del ‘30 y ‘50, una dimensión artística que nunca fue igualada. Y sigo siendo deudor, al mismo tiempo, de la Nouvelle Vague y de la revolución del cine moderno. En eso no he cambiado. Mis cineastas preferidos siguen siendo los mismos: Ford, Hawks, Welles, Godard, Rohmer, Truffaut, Fassbinder, Ozu, Buñuel. Entre los contemporáneos: Kiarostami, Hong San-soo y Apatow. Pero Victoria es un documental. Y ahí la referencia inevitable es Wiseman.
 
-¿Qué expectativas tenés para la película una vez terminado el festival?
-Primero me gustaría decir que tengo muchas expectativas con lo que pase en el festival. Me siento muy identificado con el BAFICI, por lo que fue una gran alegría volver a ser elegido para presentar una película allí. Estoy invicto. Mis tres películas anteriores se presentaron en el BAFICI, y también prácticamente todas las otras en las que estuve involucrado como productor o guionista. Estoy convencido de que no hay mejor lugar para que Victoria se enfrente con el público argentino. Una vez terminado el festival me gustaría poder pensar y confirmar un estreno comercial en las mejores condiciones posibles. Cada vez más, la distribución pide un grado muy alto de creatividad particular para que cada película encuentre su público. Y me gustaría que la película pueda mostrarse fuera de la Argentina. También confío en que sea una forma de que nuevo público, nacional e internacional, se interese por Victoria Morán como cantante.

Colaboración Silvia Marmori. www.silviamarmori.com

Compilación y compaginación Chalo Agnelli
NOTAS

[1] Crowdfunding es en castellano micromecenazgo consiste en la difusión pública, por parte de la persona que busca financiamiento, de la causa o negocio por el que brega, y la financiación mancomunada por parte de prestamistas independientes que simplemente simpatizan con la causa, o persiguen un crédito ofrecido por el prestatario.
FUENTES
http://www.otroscines.com/festivales_detalle.php?idnota=9601&idsubseccion=162/
Nota publicado el 6/4/2015


martes, 16 de junio de 2015

ROBERTO MONICAT - BAILARÍN CLÁSICO - MAESTRO DE DANZA - JULIO 2003


CRISTINA OLLER.- Comenzamos el diálogo con Roberto Monicat. Un señor de la danza. Un quilmeño que muchos conocen, otros no y otros tienen que redescubrir. Estando con una conocida surgió el tema de Roberto y me dije tenemos que convocarlo para Retratos en la ciudad. Y aquí está para charlar de lo que fue, de lo que hace y de los que seguirá haciendo, de todo. Una personalidad y su mundo.

RICARDO DEBELJUH.- Roberto comentaba fuera de micrófono que estaba un poco tenso y le dije que esta es una charla entre amigos con un micrófono, pero de casualidad. Se puede furciar tranquilamente. ¿Cómo fueron los comienzos? ¿Cómo fue elegida la danza? ¿Por qué?

ROBERTO MONICAT.- No es casualidad. Desde niño me gustó el movimiento, saltar. La mía era una familia de emigrantes europeos, autríacos y vascofranceses. Mi abuelo era profesor de violín. Fue director de orquesta en Gálvez, Santa Fe. Tuvo alumnos de reconocida trayectoria. Mi madre también tocaba el violín. De chicos escuchábamos ópera continuamente. Mi padre era un ávido lector. Un día entre sus libros encontré uno sobre danza y comencé a imitar la técnica con la ventaja de que mi físico se adaptaba con facilidad a eso. Así nació la vocación. Hice la escuela secundaria y cuando terminé resolví concretar mi vocación. Ayudado por un señor del Teatro Nacional que fue Roberto Amigo, un gran quilmeño, que me aleccionó para que fuera a las grandes academias de la Capital. Empecé con Érica Smedidova de allí pasé a María Ruanova que fue directora del teatro Colón. Con ella hicimos un viaje a Europa. Luego entré en un curso acelerado de hombres en el Colón. Y fui elegido para un rol protagónico en el ballet Usher. Los protagonistas principales eran la Ruanova y José Neglia. Yo hacía el doctor; rol que luego interpreté en París, en el teatro de los Champs Elisee. Allí conocí a lo mejorcito de la danza de aquel entonces como Olga Fontella, Barishnicof, Vasiliev, Nureyev. Y recibí técnicas de los mejores maestros. En otrora toda esta gente venía a nuestro Colón. Hoy está bastante desmerecido.

En definitiva conté con la base incomparable de mi hogar. En una época en que un bailarín varón era mirado con mucho prejuicios. Por suerte ahora no se tienen los pruritos que entonces. Entonces se puede emprender la profesión con mayor relajación.

C.O.- Ponenos fechas, Roberto. Cuando hablaste de María Ruanova, José Neglia, Usher. En que años fue.

R.M.- Hablamos de los 55; 59, que hicimos la primera gira a Perú. Yo intervine en las tres giras importantes que hizo el Colón. Que fueron en el 59 a Perú, en el 68 a París a un concurso de danza y en el 74, una gira diseñada por mí, hicimos toda Latinoamérica. En la de París fue cuando Neglia ganó la Estrella de Plata. Lamentablemente luego aconteció el lamentable accidente aéreo en el que además de él, murieron Olga Fontella y otros bailarines del Colón. Muchos años.

C.O.- Hermosos años. Pero no se repite ¿Por qué?

R.M.- Me acuerdo de las temporadas del año 47. En la que venían grandes cantantes, bailarines, lo mejorcito del mundo llegaba al Colón. Siempre a sala completa. Danza contemporánea, el Folies Berger. Además, estaban lo espectáculo españoles como Teresa y Luisillo, Rosario y Antonio, la faraona Carmen Amaya, todos. Y todo esto me nutría. Entre mis compañeros recuerdo a Elenita Frondizi que luego fue alumna mía en Wilde, donde tuve mi primer estudio. Con ella trabajamos en el ballet de la cubana Alicia Alonso, una virtuosa de la danza. Allí también tuve de alumna a una hija de Lanusse.

Luego me instalé en el Barrio Parque de Bernal por donde pasaron muchísimos alumnos. Di clases en la Sociedad Italiana Cristóforo Colombo. Me fascinó enseñar, puse en eso mi alma y mi vida.

... ... ...

C.O.- Escuchamos a Chopin en la Polonesa Opus 22 por la Orquesta Sinfónica de Radio Berlín. ¡Qué hermosa música! No te vamos a pedir que la dances, Roberto.

R.M.- Soy capaz.

R.D.- Vamos a tener el placer de comprobarlo cuando tengamos nuestro programa de televisión.

R.M.- Me gustaría que este programa diera pie para concretar un proyecto con el que sueño, la Escuela de Danza, Música y Canto. Es muy fácil realizarlo. Se necesita un predio, que puede ser de una herencia vacante. Con un piso adecuado pues tiene que tener flexibilidad, un piano, baños, vestuarios. Seleccionar al alumnado de acuerdo a la experiencia y  los años. Se podrían traer profesores quilmeños como Vera Stankaitis y de afuera. Vera es la más idónea en el ámbito de Quilmes. Ofelia de Temperley [1]se abocó más a la academia de baile que a la formación artística. Presenté este proyecto, pero no fue entendido. No es de prioridad según ellos.

R.D.- Es que la cultura en los últimos 15 años decayó significativamente. Pero este programa puede servir para que todos los que se interesan, sean cantantes, bailarines, músicos, se contacten se asocien y por peso propio se podría formalizar la idea.

R. M.- Lamentablemente los bailarines no tenemos la oportunidad de quedar en la memoria histórica como lo pueden hacer un plástico, un escritor, un músico, un escultor. Lo nuestro se esfuma en el aire. Por más que quede grabado en un video no es lo mismo. El sentir, la transustanciación del momento de la creación de un rol determinado no queda fijada en la imagen como lo sería en la presencia viva. Además, los filmes que he visto de bailarines de otros tiempos resultan ridículos pues cambió el físico, la técnica, el vestuario. No pasa lo mismo con la pintura con la obra literaria, la música con el paso del tiempo tiene más valor.

R. D.- ¿Recuerdos y anécdotas?

R. M.- Lindos eran aquellos en los que  a uno lo elegían para un rol. En los que hasta uno no dormía desde unos días antes. Feos los opuestos. Feos los cuidados que uno debía tener con el cuerpo, no era mi caso particular pues en poco tiempo podía adecuar mi cuerpo a las exigencias del rol, pero recuerdo que otros de mis compañeros sufrían mucho por eso. Buenos recuerdos tuve muchos y malos también.

C. O.- ¿Parteners, compañeros preferidos?

R.M.- Tamara Tumanova, Maria Ruanova, Barishnicof, Nijinsky, Marcova, Mickel Summers, Margot Fontain, muchos, muchos. Entre los coreógrafos Tamara Grigorieva, Miasin... ¡Maravillas!

R.D.- ¿Qué pasa detrás de escena? ¿Vivió situaciones insólitas o graciosas...?

R.N. - Recuerdo que en la ópera Boris Gudunov, en un baile de aldeanos, pierdo la peluca, todos se ponen alerta y en el tumulto me la encontraron, me la puse y seguí bailando, todo sin salir de escena. Otro caso el de “La Dama y el Unicornio” - una obra basada en unos tapices ingleses - yo estaba en la platea con Olga Ferri, en un momento que bailaban María Ruanova con Margarita Fernández; que suplía circunstancialmente a la Ferri, la titular del rol,  de pronto Margarita Fernández sufre una lesión, Olga Ferri se da cuenta y sale disparando, va al vestuario, se cambia y mientras tanto María Ruanova improvisaba una variación hasta que saliese la que vendría a ser la Dama. Todo sucedió en pocos minutos y salvo el público experto muchos no lo advirtieron.

Otras veces hacíamos maldades como durante la ópera Sansón y Dalila en que el palacio caía en ruinas y nosotros en el tumulto que se producía en la escena le tirábamos los pedazos de telgopor, que simulaban mampostería, al foso donde estaban los músicos.

C.O.- Querés mucho a Quilmes ¿No?

R.M.- Por supuesto. Nací en Quilmes y viví toda la vida aquí. Conocí el Quilmes de los 40; de los 50 ¡La vieja Ribera! Miro el edificio de la Casa de la Cultura, donde asistí a tantos bailes en esos hermosos salones; una obra arquitectónica de esa talla y se encuentra en un estado deplorable, prácticamente destruido; de la mampostería del frente y los techos salen yuyos, plantas descomunales. Es tristísimo. Como puede ser que estando la Escuela de Bellas Artes allí, donde asisten personas que quieren llegar a ser artistas, ellos mismos no han hecho un proyecto para recuperar ese edificio histórico. Y las autoridades ¿Qué han hecho? Prometen, pero no se concreta nada. Los museos, las plazas ¡Qué decir de las calles! Y como eso muchas cosas más...

R. D.- ¡Y hace poco se cayó un techo de uno de los salones de la Morel!

C.O.- Ese deterioro, vos contabas, que lo viste también en el Teatro Colón. Es el correlato de la Argentina de los últimos tiempos.

R.M.- La mediocridad nos invadió y esos, los mediocre, son los que obstaculizan la labor de los capaces, los idóneos.

C.O.- Aprender junto a vos, Roberto, fue una experiencia incalculable. De eso no hablamos nada. Fue delicioso. Te lo digo públicamente porque sos merecedor. Y volvé a la enseñanza. Ojalá que alguien haya escuchado tu proyecto de una Escuela de Danza, Música y Canto, con rigor artístico.

R.M. – Te agradezco y te digo que nunca creí que mis alumnos puedan tener aún tanto reconocimiento por lo que yo les di. Quizá porque lo hice con el alma y desde el amor. Esas actitudes son las que me sorprenden y me gratifican.

R.D. – Así con este intento que tiene Retratos en la Ciudad de reconocer y hermanar a todos los artistas y personalidades de la cultura quilmeña, te agradecemos la presencia y te despedimos hasta la próxima.

Cristina Oller y Ricardo Debeljuh
"Retratos en la ciudad" Julio de 2003
Desgrabación y compaginación Chalo Agnelli

NOTAS




[1] Ofelia Vidal Amat de Temperley. Nacida el 10 de abril de 1915. Bailarina y profesora de danzas de larga trayectoria educativa en esa disciplina en Quilmes. Falleció hace pocos años.

miércoles, 27 de mayo de 2015

HUGO MOLINA (DRAMATURGO)

Teatro La Merced, Sarmiento esquina Alem
RICARDO DEBELJUH.- ¿Qué es el teatro?

HUGO MOLINA.- Es curioso, uno puede desarrollar una actividad, estar en algo permanentemente, relacionarse con eso. Dirigir y escribir teatro, circunstancialmente hacer algún personaje como actor, pero no tengo una definición precisa. Y esto hay que analizarlo con mucho cuidado porque no necesariamente implica que no la haya. A veces pasa que lo que uno trata de sintetizar, sea más complejo o más amplio, pero podríamos decir como en una definición general que es un modo esencial de expresión. No quiero caer en un lugar común de decir que es la reunión de todas las artes, como la música y la pintura, porque, además, procura una forma esencial de expresión y un contacto directo con el público

R. D- ¿Se nace o se hace un actor?

H. M.- Es algo inherente a la persona. Cualquiera de nosotros en mayor o menor medida, alguna vez pensó el hecho de la actuación. Por eso es tan antiguo y ha resistido tanto, enriqueciéndose en los períodos de crisis. Cuando parece que van a derrumbarlo, salen dos tipos con dos sillas y hacen algo, por estar directamente vinculado con las personas.

Hay técnicas y hay procesos para aumentar las capacidades y hay personas con un don determinado. Pueden ocurrir ambas cosas.

R. D.- ¿Teatro Abierto?

H. M.- Fue algo que no solo sirvió para promover espectáculos de una determinada característica, sino que produjo un movimiento enorme. Por eso hablo del teatro y de su implicancia tan fuerte con la gente.

R. D.- ¿Y el tema de escribir una pieza teatral?

H. M.- A veces da el primer paso la motivación. En el caso del grupo que formo y dirijo RE16 (entre 16 y 19 años), es una cosa tangencial. Los chicos con sus características, escribir para ellos, cuidando el techo, por las edades. No estoy hablando de un aspecto moral, aunque eso está implícito, sino me refiero  a las posibilidades de ellos, los yacimientos donde pueden ir a buscar experiencias distintas a los de un adulto. Entonces la motivación es la que surge y la que plantea hacer una obra sobre qué. Yo tengo un sistema muy sencillo: me tomo un tren hasta La Plata y cuando vuelvo estoy con la obra.  Lo cuento no como un hecho circense, sino que debe haber algo ahí que me hace funcionar así.

R. D.- ¿Qué cambió Hugo Molina hoy, desde aquellos años donde comenzabas a transitar el camino del arte?

H. M.- Por ahí en aquel momento uno soñaba los sueños, ahora uno tiene que sostener los sueños. Creo que el espíritu de descubrimiento, de comienzo de las cosas. Esa especie de utopía, y creo que, además, uno tenía otra edad. Ahora es soñar y revisar en la medida de lo posible, esa es la diferencia positiva que tiene que establecerse.

R. D.- ¿Por y para qué escribís obras de teatro?

H. M.- Básicamente el tema de la literatura teatral es un tema artesanal. Es decir, demanda en forma indispensable pasar por el teatro, relacionarse con él, sus tiempos y espacios. El desafío es, con la mayor economía de recursos, lograr sencillamente crear una situación humana esencial, de importancia. Ese es un logro más grande que las grandes palabras, y de lo que uno puede aspirar inocentemente al principio. Uno ve el esfuerzo de los autores capitales, por ejemplo, en lograr y fijar una situación humana y fundamentada. Si uno logra eso es maravilloso, pero es sumamente difícil. Tiene que ver más con la economía que con la proliferación de frases ingeniosas.

Hay casos de autores que han escrito grandes obras de corrido. Pero normalmente hay que trabajar mucho si se quiere hacer algo trascendente que toque la fibra de los otros, tiene que movilizar cosas personales. Cuando se hace en serio no es nada sencillo. O´Neill hace su obra autobiográfica como en “El viaje largo del día hacia la noche” y pide que la estrenen cincuenta años después de su muerte. Es un día en su vida desde la mañana hasta la noche de toda su familia, la madre drogadicta, el padre con problemas. Él puso el alma allí. Lo que pide, no lo pide por casualidad. No se desciende hasta ahí gratis, no se va hasta esas regiones con ingenio nada más. Hay que poner otra cosa un alto grado de compromiso. Si no hay pasión no hay creación. Por ahí pasa la cosa.

R. D.- ¿Talleres literarios?

El aspecto más saliente que tienen, considero que es el intercambio. En el fondo creo que la excusa es esa, porque no me atrevería a decir, al estar con tal persona vas a llegar a ser un escritor fabuloso.

R. D.- ¿Qué libros te gustan y entre las obras de teatro?

H. M.- Me gustan los policiales en materia de literatura, porque me relajan. El cuento es un género que disfruto mucho. Me gusta el teatro realista americano, de Tennesse Williams, Arthur Miller, Discépolo  por la impronta en lo nacional, Griselda Gambaro también. A veces con los escritores, los nombres se revisten de cierta pomposidad, y ésta oculta, a veces, el verdadero sentido. En el mundo Ibsen, Pirandello, Shakespeare desde ya. A veces  hay una interpretación errónea que nos distancia de esos autores y su obra. Cuando uno los lee detenidamente, se da cuenta que aquello que le parece impresionante, es porque han encontrado el modo más simple de expresar lo propio y lo esencial.

R.D.- ¿Qué dirías de tu  historia?

H. M.- Es simple, la historia de alguien común. Nací en Capital y viví la mayoría de mis años en Quilmes. Desde los veinte me contacto con el teatro y desde ese momento escribo y trabajo en teatro.